Historia de un Adopcion: El Encuentro. Primera Parte

encuentroQue larga es la espera cuando ansias encontrarte con alguien. Mi buen amigo Javier Clavero ( @JavierClaveroC ) me puso en perspectiva de la sensación de cómo pasa el tiempo. Cuando nos vimos pasado un mes desde la asignación de mi hijo, que coincidió con la presentación de su Libro “¿Abandonas? ¡¡¡Jamás Abandones¡¡¡» donde me invito como Ponente. Para el ese mes había pasado de forma rápida, y para mi parecía que las horas duraban entre 100 y 200 minutos.

Por fin la ansiada llamada de la Agencia de Adopción: “Viajais a Polonia en 6 días”. Mi estado de nervios era catatónico. Había que preparar todas las cosas para el viaje, aunque ya habíamos avanzado mucho. Casi una maleta entera era de regalos para las Instituciones y juguetes para el niño y el orfanato. Los días previos al viaje fueron algo frenéticos. Notaba como latía mi corazón mucho más fuerte. Por fin iba a conocer a mi hijo.

Una serie de dudas daban vueltas a mi cabeza ¿Cómo me recibirá? ¿Se vinculara a mí y a mi mujer? ¿Nos rechazara? ¿En qué estado estará? ¿Se encontrara bien? ¿Cómo será el sitio donde vive? ¿Estará pasando necesidades? ¿Cómo se encontrara de salud?……

La noche antes del viaje casi no dormí. Quise concentrarme en alguna cosa que me distrajera,  pero no me fue posible. La alarma a las 4:30 de la madrugada tardo más en sonar que en cualquier otro momento. El viaje, largo, con dos escalas y luego viaje en coche, se hizo mucho más ameno al coincidir con otra familia que también iba a conocer a su hijo. La ilusión y las dudas eran las mismas. Estábamos ambos matrimonios, hasta ese momento unos desconocidos, ante uno de los momentos cumbres de nuestra vida.

viaje

En el aeropuerto nos esperaba el representante de la Agencia de Adopción en Polonia. El trayecto entre el aeropuerto y el lugar de destino, en total una hora y media, fue un torpedeo absoluta de preguntas por parte de los dos matrimonios. Yo era una metralleta preguntando. Lo que no sabía (o quizás sí) mi querido Luis, es que esto iba a ser una constante durante los 6 días de estancia en Polonia. Creo que lo pregunte todo, y él, muy educadamente,  me respondió a lo que pudo y sabía. Pero las preguntas más importantes se iban a resolver al día siguiente, cuando conociera a mi hijo.

De nuevo esa noche no dormí bien. Cene fuerte para ver si me entraba el sueño, y aunque estaba cansado, a las 6:00 de la madrugada (o de la mañana según lo veáis) ya estaba despierto. El desayuno era un cumulo de nervios. Estábamos a apenas unas horas de conocer a nuestros hijos, cada uno de los matrimonios. No es normal que en un primer contacto coincidan dos parejas, pero en este caso todo se hizo de manera ordenada y pausada (para mi gusto demasiado tranquilo).

Cuando llegamos al orfanato mi primera impresión fue muy buena. Sabía con anterioridad que estaba a las afueras, en una pequeña población de pocos habitantes, rodeado de bosques. Pero sinceramente me esperaba un edificio viejo y oscuro, poco remodelado y con pocos medios, ya que me advirtieron de la pobreza del orfanato. Sin embargo vi un edificio grande, rodeado de naturaleza, con parques alrededor y con unas instalaciones en buen estado, aunque un poco viejas. Todo estaba muy limpio y las personas que nos iban recibiendo lo hacían con una sonrisa. Todos los típicos que se asocian a la palabra “Orfanato” desaparecieron de un plumazo

grupo

Nos metieron en una sala donde estábamos los dos matrimonios, el coordinador de la agencia de adopción y la representante del norte de Polonia de la Agencia, la Directora del Orfanato y otras 6 personas más entre Psicóloga, Tutora Legal, Representante regional y estatal, cuidadora de los niños y trabajadora social.. Intente tomar distancia de la situación observándome y observando lo que pasaba alrededor, quería conservar ese momento en la memoria. No me costaba mucho ya que durante la conversación en polaco podía hacerlo. Me vi como los dos matrimonios estábamos tensos, incluyéndome a mí, donde la postura era rígida y los movimientos inquietos. No obstante íbamos a ser examinados por esas personas, y queríamos dejar la mejor impresión posible.

Se decidió que primero evaluarían a un matrimonio y luego al otro, por separado, por eso de la confidencialidad. Nos tocó en segundo lugar y nos metieron en otra sala donde nos ofrecieron café y pastas. No me entraba nada al estómago. Durante el tiempo de espera, aproximadamente unos 45 minutos, tuve que ir 3 veces al baño. Mi cuerpo reflejaba el estado de mi alma. En un determinado instante llegamos a escuchar como el niño del otro matrimonio aparecía en la sala y se lo presentaban. Eran minutos de silencio por parte de mi mujer y mía,  para poder experimentar por el oído ese momento que pronto íbamos a vivir.

Una puerta se abrió y las 9 personas que estaban en la sala contigua entraron en la nuestra. Insistieron en que probara algo de lo que habían ofrecido con tan buenísima voluntad, pero les insistí que no me entraba nada. Disculparon la espera y nos dijeron que iban a tratar de hacerlo todo lo más rápido posible para que pronto conociéramos al niño. Pero ay, cosas del destino, teniendo que luchar contra mi propio ser, me pidieron que expusiera quien era y a que me dedicaba. Estas señoras no sabían que a mí me dan un micrófono y una pregunta abierta y puedo estar durante horas haciendo una exposición. Como ya habíamos previsto esto con el Coordinador de la Agencia me remití a la “presentación corta”, dando pie a las preguntas que les surgieran. Fueron pocas y muy relacionadas con la conciliación de la vida personal y profesional. Es entendible, un menor pasaba a una familia y querían asegurarse que íbamos a tener el tiempo suficiente para él. A continuación se brindaron para que les preguntemos, y es ahí donde muchas de mis dudas se resolvieron. La mayoría de las preguntas que realice versaban sobre el estado de salud física y emocional del niño. Fueron respondidas de manera satisfactoria y apoyada con informes. La satisfacción por la profesionalidad del centro y las personas que allí trabajan era total por mi parte. La deformación profesional de ver la incompetencia en muchas organizaciones me hizo tener la tranquilidad que necesitaba para este momento tan íntimo de mi vida.

turno de preguntas

Cuando acabo el turno de preguntas llego el momento. Nos invitaron a pasar a otra sala para conocer al niño. En el transcurso pasamos por la sala del otro matrimonio, que estaba con su “hijo” dibujando en un sofá. Nuestras miradas se cruzaron y se estableció la pregunta y respuesta formal en estos casos “¿Qué tal?” dije yo. “Bien” contesto el padre del otro niño. Ese momento no pasara a la historia, ya que forma parte del estado de nervios de ambos.

Escuche como bajaba alguien con un niño, y…. permitirme que eso lo cuente en una próxima entrada

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1 Comment
  • Laura
    abril 29, 2013

    Muy emotiva tu Historia, ya quiero leer la segunda parte y muchas mas… saludos desde Colombia.

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