Mails incendiarios

“Hoy voy a mandar un mail incendiario que se van a cagar”. Cuando he escuchado esta frase, o parecida, y no han sido pocas veces, no puedo sino sentir tristeza por lo que escucho.

En este tipo de actitudes se denotan varias emociones: Rabia, ira, venganza, resquemor, malestar (incluso con uno mismo) y en muchas ocasiones desesperación.

¿Qué nos impulsa a utilizar el correo electrónico como arma arrojadiza?

El uso del mail (como lo llamamos todos) se antoja como algo absolutamente necesario en el entorno laboral. Revisar mails y atenderlos se ha convertido en una tarea cotidiana, habitual y donde “invertimos” gran número de horas diarias.

El mail se encuentra entre las formas más comunes de comunicarse. Su eficacia esta demostrada, ya que nos evita estar colgados del teléfono hasta poder localizar a una persona, y podemos obtener respuestas cortas que nos valen para poder ejecutar innumerables acciones. El mail ha facilitado las relaciones de negocios y entre personas. Es sin duda uno de los avances más importantes en la vida profesional y personal de los seres humanos.

¿Pero qué pasa cuando lo utilizamos incorrectamente?

Es habitual en el mundo de los negocios el poner mails con gente “en copia”. Hace poco tiempo no pude salir de mi asombro cuando observe como una persona tenia ¡¡¡¡mas de 1.700 mails por leer¡¡¡. Desde luego le pregunte el motivo, y es que al ser un Manager le ponían en copia de un montón de cosas. ¿Para qué ponemos en copia a personas que no se van a leer esos correos?.

Una luz de esperanza ha surgido cuando he escuchado que algunas organizaciones están prohibiendo poner en copia “a más de 3 personas”. ¡¡¡¡Claro¡¡¡¡. Para que vamos a poner en copia a personas que no les interesa nada lo que en ese cruce de correos está ocurriendo. Espero que se animen muchas empresas  a hacer popular esta medida.

Y llegamos al inicio del mails. Personas que por diferentes motivos mandan un mail a uno, o varios destinatarios, con el fin de destapar “la caja de los truenos” y poder generar malestar entre una o varias personas. Los motivos pueden ser variados, pero los más frecuentes son los siguientes:

  • Para justificarse: Yo he realizado un trabajo o tarea, y otros no, o lo han hecho mal, según mi criterio. Un mail, con copia a muchas personas si puede ser, que justifica que yo he actuado bien y otros no lo han hecho tan bien, puede generar tantas heridas que es posible que muchas personas se molesten e incluso contraataquen en una cadena de mails interminables

  • Para culpar o atacar a otro(s): Ese calentón que tiene una persona y que envía un mail subido de tono, con palabras y acusaciones ofensivas para otros, con el fin de dejar bien claro quien está encima de quien. Cuando además lo hace el superior jerarquico esto genera tal depresión en los “acusados” que su motivación es tan difícil de levantar que es probable que nos “carguemos” cualquier posibilidad de que esa(s) persona(s) vuelvan a sentir pertenencia por el grupo.

  • Para reprochar: Cuando alguien reprocha por haber hecho algo mal o no haber hecho algo, solo consigue que el resto de personas reprochadas se sientan mal, e incluso tengan emociones de odio hacia la persona que hace el reproche. ¿De verdad es necesario reprochar o reprender a alguien públicamente?. Cuando se hace con muchos destinatarios, es como si delante de muchas personas alzaras la voz y lo hicieras, tiene el mismo efecto, que es demoledor para los ofendidos.

  • Para “sentirse bien” o “hacer sentir mal” a otros: Es probablemente el mas injustificado de los mails incendiarios. Cuando lo mando por el mero disfrute de hacer sentir a los demás y quedar por encima. Cuando esto se hace suele ser una mezquindad y ruindad que coloca al emisor en una situación de absoluto desprecio por el resto de vilipendiados. Desafortunadamente hay mas de una persona que hace estas cosas.

La interpretación de un mail es algo muy peligroso. Algo que es claramente ofensivo no tiene duda, pero ¿Qué pasa cuando interpretamos el estado de animo de la persona que ha enviado el mail?. Y más aún, ¿Qué pasa cuando rellenamos lo que no pone el mail con lo que creemos que piensa esa persona?.

Lo más peligroso de un mail es poder interpretar su significado. Un escrito no refleja emociones, no transmite lo que está pensando completamente una persona, no nos permite ver su expresión corporal, no existen tonos de voz, ni gestos que interpretar. . ¿Cómo crees que estoy escribiendo este artículo, enfadado, triste, alegre, borracho…..?. El gran agujero que provoca interpretar los mails hace que muchas organizaciones entren en un bucle de conflictos y malentendidos que suponen gran cantidades de esfuerzos, energía y dinero perdido.

Cuando alguien envía un “mail incendiario” nos está hablando más de esa persona que cualquier definición que podamos hacer de ella. Su ánimo y su personalidad se traduce en unas “letras y palabras” que solo sirven para provocar malestar.

He conocido personas muy talentosas que abandonaron la compañía por un mail incendiario. ¿Vamos a dejar que esto siga ocurriendo?.

Siempre he defendido que cualquier reproche, incluso ante el error más evidente, se debe hacer en privado a la persona reprochada, si queremos que su motivación siga intacta. Debemos sustituir la conversación sincera y honesta por los mails incendiarios.

Dejemos de provocar “fuego” en las organizaciones. No nos conduce nada más que a la Autodestrucción. Muchos entornos de trabajo no se recuperan de estas consecuencias. El daño es irreparable en muchas ocasiones.

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