Permanentemente conectados

By jueves, septiembre 1, 2011 0 No tags Permalink 0

Desde hace tiempo escuchamos que la tecnología se ha puesto al servicio de las personas. ¿De verdad es esto así? ¿No ocurre al contrario?.

Sin tener que echar un vistazo melancólico al pasado, ni caer en la manida frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”, no tenemos que remontarnos muchos años, aproximadamente unos 15, donde no existían para el gran público ni los teléfonos móviles, ni internet ni el mail. Es decir nuestro modo de comunicación era teléfono, fax y encuentros personales. Hoy en día eso se ha vuelto de lo más primitivo.

El correo electrónico revoluciono considerablemente el mundo de la comunicación ya que hasta entonces teníamos que comunicarnos con una llamada telefónica que si no encontrábamos a nuestro interlocutor disponible nos podía devolver a riesgo de que tampoco nos localizara, y así alargar una conversación en el tiempo has que se produjese el encuentro. Hoy en día los correos electrónicos son respondidos a cualquier hora del día y de la noche (conozco a varias personas que tienen la costumbre de contestar a altas horas de la madrugada) por lo que nuestra comunicación es mucho más fluida a la vez que sintética. En mi caso personal el Mail me ha ahorrado multitud de llamadas y un más que seguro problema de cervicales ante la “manía” de tener el teléfono apoyado sobre el hombro y con la cabeza mientras con las manos realizo otras tareas. Menos dinero para mi Fisioterapeuta.

Hoy en día no es necesario interactuar personalmente con alguien para comunicarse. Correo electrónico, SMS y todas las variedades de comunicación por Internet nos permite estar “permanentemente conectados”. El escuchar la voz de otra persona ha pasado a segundo plano, o incluso en muchas ocasiones ha desaparecido. El quedar con alguien ha cambiado de sentido ya que se pueden quedar en “Foros abiertos en Internet”.

La privacidad ha pasado a una importancia mínima ya que debemos aprender a “compartir” a que la información “fluya”, y lo hace muy rápidamente. Hace poco me vino a ver un Hacker que me indico todo lo que sabía de mi a través de la Red. Os puedo asegurar que puede hacerse una idea muy aproximada de mi persona, mis gustos, aficiones, mi dedicación profesional, etc… y eso que era un “Hacker bueno” de los que no te desvalijan la cuenta corriente (eso espero, aun así fui muy simpático con él por si acaso).

Creo oportuna que debemos parar a pensar y  tener en cuenta las ventajas y los inconvenientes de la tecnología. Ser esclavos de los dispositivos de comunicación nos puede convertir en personas sumisas, dependientes y puede llegar a producir alteraciones en la comunicación personal con los demás e inclusive en nuestro lenguaje. Si cada vez nos comunicamos menos mediante el lenguaje corremos un alto riesgo de que vayamos perdiendo habilidades y conocimientos que con la falta de ejercicio pueden verse minimizados con el tiempo. Sin querer ser apocalíptico, una persona que desde muy joven, es decir desde que es niño, utiliza frecuentemente modos de comunicación que minimizan el uso del lenguaje ¿Qué le pasara cuando tenga una edad avanzada? ¿Sabrá o podrá comunicarse con las personas cara a cara?

Otra reflexión con respecto al mundo laboral es la que sufro en mis propias carnes. Como comentaba en un post anterior me he vuelto “adicto” a las Redes sociales (principalmente Twiter y Linkedin) y antes ya era y sigo siendo un obseso del Correo electrónico. La “culpa” de mis adicciones es mia pero el hilo conductor no es otro que el  Smartphone. Ese aparatito consigue que pueda conectarme a todo eso y a mi oficina con algo tan pequeño que cabe en mi bolsillo. Las primeras consecuencias las estoy sufriendo en la vista (o será la edad) pero hay otro tipo de consecuencias que no quiero dejar de mencionar. El estar conectados durante todo el día nos lleva a un estado de tensión permanente, donde la “desconexión” del trabajo, tan necesaria y saludable, no se produce y eso nos lleva a un estado de ansiedad duradera que puede repercutir muy negativamente en nuestra salud física y / o psíquica. En primera persona me acuso de tener una manía que he catalogado de “idiota”, y es la de  leer el correo antes de irme a dormir. Seguro que podréis adivinar que si a esa hora, alguien tan “idiota” como yo me ha enviado un mail con un problema, entro en un estado de preocupación que altera mis horas de sueño iniciales y me produce malestar al día siguiente. Si ese correo iba a estar ahí por la mañana ¿Por qué coño lo he mirado por la noche? ¿Iba a solucionar algo?.  Evidentemente no, solo he logrado una cosa, fastidiarme a mí y es posible que a las personas que me rodean en ese momento.

Otro de los asuntos que me preocupan de la “conexión permanente” es el referido a las vacaciones. Nos vamos de vacaciones y durante las mismas estamos leyendo el correo electrónico diariamente, recibiendo llamadas en el teléfono móvil y algunos conectándose a la oficina de manera cotidiana. ¿Es eso descanso vacacional?. Claro que NO. Hemos decidido vivir en “constante conexión” con nuestro trabajo y por ello le quitamos tiempo a nuestro ocio, familia, amistades, y actividades que nos permiten el poder desarrollarnos como personas y dar al cuerpo el descanso necesario a nivel psicológico para poder ser personas eficientes a la vuelta de vacaciones.

¿Y qué hacemos?. Hace poco vi en Twiter que hay más problemologos que solucionologos, y como no quiero pertenecer a los primeros allí van unos consejos. No leer el correo electrónico o conectarse al trabajo antes de irse a dormir. Si debemos trabajar en casa intentar hacerlo de manera que podamos dejar mucho tiempo entre el problema último que vemos y la hora de irnos a la cama.

Durante nuestras vacaciones pedir a los compañeros que respondan el mayor número de llamadas posibles y que puedan solucionar los posibles problemas que surjan. La palabra clave aquí es Delegar. Si pedimos ayuda tenemos que estar dispuestos a prestarla, es por ello que debemos actuar con los compañeros de la misma manera que hagan con nosotros, con un sistema colaborativo y que de una sensación de que nadie es absolutamente necesario.

Otra de las medidas es poner un mensaje en nuestro correo electrónico durante nuestra ausencia que aclare que estamos de vacaciones durante unas fechas determinadas, y que en caso de emergencia se pongan en contacto con algún compañero de la oficina. Todos tenemos derecho a irnos de vacaciones, pero además de ese derecho también existe un derecho a poder disfrutar de ellas. Ejerzamos nuestro derecho como una obligación personal

Durante las vacaciones intentemos olvidarnos de la oficina. Si tenemos que conectarnos a nuestro “Servidor” hagámoslo en una hora que no interrumpa nuestro descanso, como puede ser al final de día. Cuando ya hemos disfrutado del día y estamos “cansados” los problemas que surjan se ven de otra manera.

Y por último, prueba a estar “desconectado” durante unos días, un tiempo sin acceso a nada y sin que nadie pueda acceder a ti. A ver qué pasa. Si ves que eso ha sido perjudicial para tu futuro profesional no vuelvas a hacerlo, pero si no pasa nada ¿te atreves a volver a intentarlo?.

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