Cuanto talento desaprovechado

By viernes, noviembre 25, 2011 2 Permalink 0

Esta crisis me ha enfrentado con una realidad difícil de digerir, la de personas sin trabajo que se hunden en la desesperación y que creen que pierden parte de su dignidad. Con todos los que trato, bien personalmente, o bien por diferentes medios, trato de insuflarles mi ánimo desde mi cómoda posición donde es difícil ponerse en su lugar y sentir lo que ellos sienten. Esas emociones están en muchas ocasiones a flor de piel.

El otro día recibí en mi oficina a una persona que insistía en verme, aunque no tuviera un trabajo que darle. Solo quería charlar conmigo y contarme personalmente su situación. No suelo recibir a personas sin ningún motivo, ya que mi agenda se quedaría totalmente desbordada si atendiera a todas las peticiones, pero fue tal la insistencia que le hice un hueco el otro día. Esta persona venía con traje y corbata, buena presencia, era muy charlatana y enseguida se soltó a contarme su historia. Llevaba un año en paro después de 36 años seguidos trabajando, con algunos parones poco significativos. A sus 52 años la vida le había puesto diferentes obstáculos: monto su empresa y después de 13 años tuvo que cerrarla, monto un restaurante que tuvo que dejar a los dos años con sus deudas, su mujer se murió tras una larga y penosa enfermedad cuando sus hijas tenían 10 y 14 años respectivamente, y en estos momentos tenía que abandonar su casa de alquiler después de 16 años porque no se puede permitir pagar la cuota. Su mirada era viva, pero en su rostro se reflejaba lo duro que le había golpeado la vida.

Me conto toda su trayectoria profesional y, como buen perfil de ventas, me subrayo lo orgulloso que se sentía de haber sido líder de ventas en diferentes compañías. Además fanfarroneaba de las personas que conoce y que los considera “amigos” ya que tenía un trato cercano y cotidiano con todos ellos.  Sus nombres y apellidos sonaban muy altos de tono y eso es por la gran consideración que parece tener de ellos.

Después de un buen rato “vendiendo” su perfil profesional, y tras asegurarse que no tenía ningún puesto de su perfil que ofrecerle, se relajó y empezó a desahogarse. Durante un año había llamado a todo el mundo que conocía para ver si podía ayudarle dándole un puesto de trabajo, todos esos “amigos” no habían podido ayudarle. Sus hijas, ya mayores de edad, están trabajando en todo aquello que les sale, ayudando a la economía familiar, trabajos eventuales y de poca cualificación. Se mudaban en pocos días a una casa mucho más pequeña de la actual porque no se pueden permitir pagar el alquiler. Y pareció desmoronarse, aunque se recompuso, cuando me confeso que está desesperado y que ya no sabe qué hacer ni a quién acudir. En un tono mucho más bajo me dijo que lloraba casi todos los días, ya que se sentía inútil ante la situación. Me dijo algo que me dejo alterado, el día de hoy para él era muy bueno porque se había afeitado y puesto un traje y podía sentirse de nuevo “persona”. Yo le aclare que él es persona, y que lo que había sentido era una sensación en la que antes no reparaba pero que ahora echa de menos, y es poder vestirse todas las mañanas para ir a trabajar. Esa sensación no tenemos consciencia de lo que significa hasta que no la perdemos.

El sentía que a los 52 años lo tenía más difícil que otros. En ese momento le réferi a mi post publicado con anterioridad:  Jubilados a los 45 http://www.angellargo.com/2011/07/11/jubilados-a-los-45-anos/ que refleja una realidad con las personas que están sin empleo y tienen una edad donde el mercado los considera “mayores”

Al final de nuestra conversación me dijo que le habían propuesto un puesto de chofer temporal y que no tenía más remedio que aceptarlo. Es cuando exclamo la frase “Cuanto talento desaprovechado tiene que haber por esta crisis”. La frase retumbo en mi cabeza durante un tiempo. Al despedirse me dio las gracias por haberle escuchado. Habían pasado dos horas de charla y él se sentía un poco mejor, aunque su vuelta a la realidad estaba al salir por la puerta de mi oficina.

La historia de esta persona es replicable en muchos casos. Profesionales que están sin trabajo y que ven como no existe un hueco para ellos y que o bien ahogan su frustración en el día a día, o bien se ven obligados a aceptar puestos por debajo de su cualificación profesional para poder subsistir.

¿Cuánto tiempo tardaremos en regularizar la situación y colocar el Talento donde corresponde?. Mucho me temo que será duro y complicado, pero en este envite nos jugamos que muchas personas, profesionales sin tacha, se vean desubicados durante un gran tiempo. Aunemos esfuerzos e impidamos que esto ocurra.

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2 Comments
  • dilan
    agosto 21, 2012

    pienso que es una historia muy dura y que deja una gran enseniansa para todos

  • dilan
    agosto 21, 2012

    pienso que esta muy interesante la historia de esta persona

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